Una enorme cantidad de informes y notas periodísticas de diversos analistas e investigadores advierten que el mundo ya no será el mismo luego de las innumerables secuelas que provocará la pandemia generada por el COVID 19.

Sumados a los irreparables daños humanos, esta calamidad del siglo XXI está dejando huellas profundas en lo que hace, entre otros, a los ámbitos de la salud pública, la economía y la educación, como así también en el accionar del Estado en sus distintos niveles.

Huellas que aún no pueden visualizarse por completo debido a las manifestaciones vigentes del coronavirus en un planeta en el que miles de millones de habitantes están sufriendo en tiempo presente los efectos de esta pandemia.

Si bien ya se nos había advertido que vivíamos en una sociedad de riesgo, no estaba dentro del radar de nuestras preocupaciones la posibilidad de un confinamiento masivo,  o de la obligación de salir prácticamente enmascarados a la calle cubriéndonos nariz y boca.  En nuestras ciudades son notables los cambios de hábitos tanto laborales como en la forma de relacionarnos o lo que sucede en nuestras rutinas hogareñas.

A su vez, en otras latitudes vemos que en algunos países europeos ya se está analizando y concretando el retorno a una “nueva normalidad”. Esto nos plantea ir previendo la exigencia de retomar las actividades diarias en un contexto donde los cuidados y restricciones –  a los que seguiremos sometidos por cuestiones de salud pública -, generarán escenarios donde muy difícilmente se vuelva a los que vivenciábamos como habituales o normales.

La  enorme incertidumbre que genera la trayectoria futura del coronavirus, con las secuelas que dejará a su paso, no debe impedirnos seguir analizando y proyectando los escenarios futuros a los que deberá adaptarse nuestra ciudad y, si bien la actual pandemia prácticamente no tiene precedentes como para establecer comparaciones respecto a caminos de salida o procesos posteriores, la evolución histórica de la humanidad muestra que luego de una conmoción de magnitud como la que estamos sufriendo, el nuevo presente que surge luego de ella no parte de una tabla rasa.

En ese aspecto Esperanza no se encuentra huérfana en lo que respecta a planificar su futuro ya que cuenta con antecedentes concretos en esa materia.

A las experiencias realizadas en la década de los 90’s se le suma la implementación, por parte del actual gobierno municipal, del Plan Urbano Esperanza Sustentable Proyección 2030, en el que se debatió abierta y participativamente una visión territorial y urbana para proyectar a nuestra ciudad en el contexto regional, diagnosticando y definiendo compromisos de acción para su desarrollo y crecimiento.

Plan que se implementó mediante una modalidad participativa, involucrando a diferentes actores sociales y que fue conducido por el  Área de Planificación, Estudios y Proyectos  del Departamento Ejecutivo Municipal con la asistencia de profesionales de la Universidad Nacional de Rosario y de la Universidad Católica de Santa Fe.

El trabajo que se está desarrollando (interrumpido momentáneamente por la cuarentena) conjuntamente con la FESTRAM (Federación de Sindicatos de Trabajadores Municipales de la Provincia de Santa Fe) y la Facultad Regional Santa Fe de la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) es otra muestra de ello.

El mismo se ejecuta siguiendo el modelo de desarrollo urbano del siglo XXI con base en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), orientado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones en colaboración con la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa.

Instituciones que tienen a su cargo el programa “Unidos por ciudades inteligentes y sostenibles” que responde al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) Nro. 11 de la Agenda 2030: “Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”.

Y como el futuro depende de nuestro presente, debemos resaltar aquí el accionar de los sectores público y privado en el ámbito de la salud de nuestra localidad, a la hora de concertar acciones y disponer de dispositivos para poner a la ciudad y al departamento Las Colonias a tono con las exigencias que el momento así lo exige.

La integración de los sistemas locales de salud pública y privada, en sintonía con lo que ha dispuesto el Gobierno Provincial, con su correlato a nivel departamental, demostró hasta el momento que Esperanza está a la altura de este enorme desafío que ha provocado estragos en otras regiones del mundo.

El margen de maniobra será muy estrecho ya que los condicionamientos que impondrán las secuelas de esta crisis sanitaria, de escala global y sin precedentes, serán enormes en lo social y en lo económico.

Se habla de crisis sistémica y de cambio de época, frente a ello no existirán las recetas mágicas ni estaremos libres de contratiempos, será en este contexto donde nuestra conciencia colectiva como ciudad deberá hacer prevalecer los valores comunitarios frente al individualismo del sálvese quien pueda.

La apropiación política y operativa de la planificación de las decisiones clave de la gestión pública por parte del estado local, incorporando al sector empresarial, a las organizaciones de la sociedad civil y a los ámbitos académicos tendrá que responder a una acción colectiva y mancomunada.

En este escenario y con estos antecedentes históricos se presenta la exigencia de ir preparándonos para una ciudad post COVID-19. Aún en cuarentena y confinados, debemos rescatar esa afirmación que sostiene que el corto y el largo plazo tienen algo en común: ambos comienzan hoy.

Por Eduardo Kinen
Concejal de la Ciudad de Esperanza.
Miembro Fundador de la Red Iberoamericana de Gobiernos e Instituciones por el Logro de la Agenda 2030.